Tango al Mundo
1ºCERTAMEN INTERNACIONAL DE POESÍA LUNFARDA / TEMA: EL CANILLITA / 2006
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PRÓLOGO

Desde sus propios comienzos, cuando todavía era una insurgencia, o una transgresión, para decirlo con término más moderno, el lunfardo se acercó a la poesía. El primer trabajo más o menos metódico que se le dedicó no pudo prescindir de exponer algún producto, si bien algo raquítico, de la inspiración carcelaria. Me refiero a la estrofita que Benigno Lugones registró, en 1879, en uno de los dos artículos publicados en La Nación: “Estando en el bolín polizando se presentó el mayorengo: A portarlo en cana vengo, su mina lo ha delatado”. No viene mayormente al caso que el primer tema abordado por la jerga en cierne fuese la traición de la mujer infiel. Si bien se mira ése ha sido durante siglos el tema capital de la poesía. Los pastores de Virgilio o los de Garcilaso no sentían nada distinto a lo que experimentaba aquel cafishio desdichado requerido por la policía. Por cierto, entre aquella anécdota ominosa y los sonetos líricos de Roberto Selles, por ejemplo, hay una distancia sideral, pero no menos vasta es la distancia que media entre la jerga menesterosa registrada por el joven Lugones y el lunfardo enriquecido por la inmigración y la creatividad local durante más de cien años.

Ese vocabulario no tardó en acercarse al tango, en cuyo lenguaje poco menos que se convirtió. Las letrillas acupletadas de Villoldo no se eximen de términos jergales. Mucho menos por supuesto las letras de Contursi y de todos los admiradores y seguidores que este vate que ha venido teniendo durante algo más de un siglo. Se encontraron, sin duda, el tango y el lunfardo en los lugares de diversión para hombres solos -digámosles lupanares-, donde el compadrito, que ya italianizaba bastante, inventó, a pura imaginación y travesura, la coreografía fundadora del tango. Como he dicho muchas veces tango y lunfardo no son hermanos porque tienen padres distintos, pero son compañeros y amigos desde la más tierna adolescencia. Durante más de veinte años, los que median entre Mi noche triste y las elegías de Manzi, el lunfardo señoreó sobre la literatura tanguística y cuando se abrió, a través de Horacio Ferrer a los horizontes más comprensivos del surrealismo, lo hizo a través del tango. Véanse, si no, los versos de La última grela que constituyen una de las páginas más tiernas del Romancero Canyengue.

La censura oficial y la privada, la del autoritarismo y de la tilinguería, no consiguieron matar al lunfardo. Hace pocos días un investigador señalaba que el fin de la censura radiofónica producido mediante la ley de 1953 coincidió con la aparición de Lunfardía, en cuyo prólogo se decía precisamente que no había sido posible abatir o erradicar ese vocabulario “menos hijo de la cárcel que de la inmigración”. Este certamen abierto por la Asociación Argentina Tango al Mundo viene a coronar todo eso que he venido memorando. El tango admite ya sin reparo alguno el aporte del lunfardo y éste asume los temas que parecían patrimonio del tango. El canillita, ese personaje porteño que Florencio Sánchez no inventó, sino que descubrió entre la multitud dejando que su corazón se enterneciera ante la miseria y el desamparo, no parecería de pronto emparentarse con los torvos malevos y las mujeres fáciles que poblaron las letras del tango desde Contursi en adelante, hasta que Homero Manzi las llevó a otros climas más propicios, al aire fresco del suburbio. El canillita como personaje del tango tiene varias credenciales, entre ellas la que le suscribió Dante A. Linyera. Ha sido feliz iniciativa, por ello, la de unir en un mismo certamen, al canillita, al tango y al lunfardo. No diré que se requieren unos a otros, pero sí que no se concibe ninguno de ellos sin los otros.

Este certamen del que participaron más de treinta poetas populares, enriquece a la vez al tango y al lunfardo y también a la ciudad misma cuyos hijos se encuentran reunidos, hermanados por versos donde la inspiración y la destreza se dan de consuno.

José Gobello


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